En el primer tiempo, después de que todo se había creado, la existencia era silenciosa. Nada se movía. Nada cantaba. El primer Flautista surgió del vientre de la Madre Tierra y comenzó el canto de la vida.
La primera flauta era larga y profunda. Los tonos lentos y bajos establecieron las líneas de poder que cruzan a la Madre Tierra.
Luego, el primer meditador del viento tomó la segunda flauta más aguda, y con ella estableció los lugares de alta energía.
Enseguida, tocó la tercera y más pequeña flauta. Las notas más agudas eran necesarias para crear los puntos de transformación para el viaje entre las dimensiones, llamados Vórtices.
Sin movimiento, sin ondas que produzcan vibraciones, no hay vida. La melodía de la primera flauta instaló el espíritu de la fertilidad en todo lo viviente en las cuatro esquinas del planeta. Así, la tierra tomó conciencia de sí misma y empezó la danza del amor.
Extracto del libro "Siguiendo el Rastro" por LeinaD